SIEMPRE FELICES, UNA COMEDIA DE PROPOSICIONES

  Siempre Felices es una comedia moderna. Su director ha tenido en cuenta el estado actual de los géneros y la narración fílmica, para concluir que hoy sólo se puede hacer un relato que sea además una reflexión sobre el relato. Luego, ha tenido en la cuenta, con la productora, que hoy las películas están carísimas y ha decidido aprovechar el escaso dinero que tenía para formalizar y condensar su material dramático. De esta doble reflexión ha nacido lo que es una comedia sobre la comedia. Una comedia moderna, decía.


Pero Pedro Pinzolas no ha hecho un homenaje ni una pieza llena de referencias. Su película, síntesis, de elementos del género, tiene sin embargo una voluntad, un método y una estructura fundamentalmente analíticos y adopta la forma de una COMEDIA DE PROPOSICIONES.



  Deshonestas: las propias de la guerra de sexos, uno de cuyos episodios se detalla en la película.

Filosóficas: las proposiciones de Heidegger, sin duda laterales -o quizá latentes- a la intriga, que lee Jorge, el asesor ensimismado siempre amenazado por la realidad ajena y por la silla en sí misma.

Retóricas: como en dicha disciplina, las proposiciones de Patricia sobre el matrimonio y los hombres se convierten en algo que se enuncia para ser objeto de demostración. En su instancia más brillante, Patricia, hija de Hitchcok, ejecuta una impecable transferencia de vulva que le permite cometer el crimen perfecto.
En su instancia más referencial, el hijo de la Sra. Bates se reencarna en Patricia para poner al día (por medio del indispensable mando a distancia) el famoso crimen de la ducha de Psicosis. En su instancia final, Patricia recupera a sus amantes cuando recupere primero a su marido.

Gramaticales: en esta película las chicas hablan y actúan, los chicos sólo reaccionan y dicen una última palabra cuya contundencia apenas oculta su eco hueco.

Narrativas: si de ciertos cineastas clásicos se decía que cada plano contenía una idea, Pinzolas, que sabe que en el relato la unidad superior a la proposición es la secuencia, filma en planos-secuencia y hace que cada uno de ellos contenga al menos una proposición de las arribas esbozadas.

De estilo: haciendo del defecto (de presupuesto) virtud, la película elude la planificación convencional (más cara) en beneficio de otra formal, en bloques, presentacional. Consecuentemente, la acción se formaliza también: los diálogos son de carácter proposicional (trabajan el manierismo y la repetición), y a los actores se les ahorra esa torpeza de las acciones cotidianas (marcan 4 cifras al telefonear, por ejemplo) que suele lastrar las óperas primas.


  Tanto juego lingüístico puede hacer pensar que estamos sólo un árido análisis estructural de la comedia. Nada más lejos de la realidad: lo que ocurre es que, desde ese impecable speech inicial que nos dirige frontalmente Patricia, esta divertida película rechaza esa enfermedad infantil del realismo que se llama naturalismo y que en nuestro país suele hacer recaer a la comedia en el costumbrismo. Los personajes de Pinzolas son tipos reconocibles de la fauna actual pero no se agotan en proclamar una identidad reconocible: están ahí para que se vea que no se puede hacer más con menos. Esta es su última proposición: el estilo no depende del dinero.

Antonio Weinrichter